En un tiempo en que huyendo del estrés cualquier grabación lleva la etiqueta chillout, quizá deba recordarse que este disco fue el germen de todo. Cuando en 1989 se decidió sacar al mercado un recopilatorio con los tiempos lentos más conocidos dirigidos por Herbert von Karajan, su casa discográfica no podía imaginar la repercusión que éste iba a tener en el público. Su forma de dirigir, no siempre rigurosa con el estilo (especialmente el de los barrocos), consigue unas interpretaciones vibrantes en las que la música suena hacia dentro, llegando mucho más allá del oído del oyente. El clímax conseguido, por ejemplo, en el Adagietto de Mahler es difícilmente alcanzado por otros directores. Un regalo hecho de pequeñas joyas en donde se resume lo que era la música para el maestro Karajan en la última etapa de su vida, en la que desplegó un sonido intenso, expresivo y austero. La belleza hecha música.
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